Un buen descanso es, de verdad, la inversión más importante que podemos hacer por nuestra salud, especialmente para nuestro sistema nervioso. Cuando no dormimos lo suficiente, nuestro cerebro, simplemente, no funciona bien. Entra en un estado de alerta y estrés crónico, lo cual es agotador. Se nota enseguida: la memoria nos falla, nos cuesta horrores concentrarnos y las decisiones se vuelven impulsivas. A nivel emocional, nos volvemos mucho más reactivos e irritables porque el centro del miedo se dispara. Además, nuestro cerebro necesita ese tiempo para limpiarse de toxinas.
Muchos de nosotros ya sabemos todo esto, pero la pregunta clave es: ¿cómo consigo ese sueño reparador de verdad? La realidad es que durante el día estamos sometidos a una cantidad de estímulos enorme a nivel de nuestro sistema nervioso: tantas ondas e información por todos lados, gracias a la tecnología y la presencia activa de las redes sociales. A esto se le suma el estrés continuo, ese ir siempre más allá del límite que podría soportar nuestra verdadera naturaleza.
¿Cómo le pongo el freno a este carrusel de pensamientos en mi cabeza? ¿Cómo detengo la frenesí que me penetra desde el exterior, acelerando mi ritmo y llenando mi mente de ideas que luego me llevo a la cama, impidiéndome descansar bien?
Prepararse para un sueño reparador es un proceso que empieza en la mañana y se mantiene a lo largo del día, hasta las últimas acciones antes de acostarse que favorecen la entrada en el sueño. Empezar el día con una buena hidratación, una meditación sentada constante y una pequeña rutina de ejercicios (Qi Gong y/o Yoga) y respiración consciente (Pranayama) nos permiten anclarnos en un espacio de calma y quietud.
Pero es igual de importante lo que hacemos durante el día, para mantener ese estado con la auto-observación. De vez en cuando, una campanita (hay apps con sonidos de cuencos tibetanos preciosos) nos recuerda volver al momento presente, a nuestro cuerpo y a nuestras sensaciones. ¿Cómo está mi cuerpo? ¿Hay tensión? A lo mejor me encuentro con los hombros subidos a las orejas, la mandíbula cerrada y los dientes apretados: ¡es el momento de soltar!
Y ¿cómo me siento? ¿Estoy agitada? ¿Nerviosa? ¿Triste?
Reconozco la emoción que estoy viviendo y me quedo con ella sin rechazarla, respirando y espirando. Si simplemente de vez en cuando durante el día me pongo a respirar de forma consciente, aunque sean solo tres respiraciones, y luego vuelvo a lo que estaba haciendo… Explóralo y verás que ya solo respirando con presencia nos sitúa en otro lugar, permitiendo relajar las cejas, relajar los músculos de la cara y del cuerpo, regalándonos un nuevo inicio.
Y en cada momento bonito del día, también me paro para saborear a fondo ese gesto gentil que he recibido, la sonrisa que me han regalado, una bonita puesta de sol o el canto alegre de un pajarito que parece estar de fiesta. Contemplo estos momentos que me calientan el corazón, y hago tres respiraciones completas.
Así, por la noche, ya no me encontraré con una carga y un cansancio excesivo, y estaré lista para las prácticas antes de acostarme. Apagaré los dispositivos y terminaré la última comida un par de horas antes de dormir. Y al acostarme, llamaré a la memoria todos esos momentos bonitos del día en los que se me llenó el corazón y por los cuales me siento profundamente agradecida, y me duermo con esos pensamientos.
Si nos vamos a la cama pensando en lo bonito que nos pasó y sintiéndonos profundamente agradecidos por ello, le estamos dando un regalo a nuestro subconsciente. Es como apagar el modo «lucha y huida» del estrés y encender el modo «descanso y reparación». Al inundar la mente con esa calma y aprecio justo antes de caer dormidos, estamos programando a nuestro subconsciente para que trabaje toda la noche filtrando lo positivo y consolidando recuerdos felices. Dormir en ese estado de coherencia emocional significa que nuestro descanso será mucho más profundo y reparador, y nos levantaremos con una sensación de paz y resiliencia que nos acompaña durante todo el día.
Después de un tiempo adoptando estas prácticas, verás que exploraras sueños mucho más tranquilos y regeneradores. Y, de repente, la vida misma se llenará de ese brillo que tiene y que, a veces, por el cansancio, simplemente no alcanzamos a ver.
