Más Allá de mi ‘Mejor Versión’: Abrazando la Luz y la Sombra

Cuando escucho en el eco de las redes sociales el mandato de «sacar la mejor versión de uno mismo», siento que algo vital se silencia. ¿Qué destino le damos, entonces, a esa versión que nos gusta menos, a la que calificamos como nuestra zona de sombra?

¿Acaso debemos rechazarla? ¿Cubrirla bajo capas de arena bien profunda, con la vana esperanza de que jamás emerja? Hemos comprobado que sí emerge; sí que sale, y lo hace en el momento que consideramos menos oportunos: es la provocación mínima que nos saca de juicio, o la tristeza punzante que inunda el corazón mientras asisto a una injusticia. Aparece cuando el anhelado reconocimiento se esfuma, o cuando la vida nos somete al inevitable sufrimiento de los cambios.

¿Es seguro, entonces, que solo debo exponer mi «mejor versión»?

La verdadera plenitud reside, me parece, en la audacia de ser completo: de aceptar mi versión entera, de luz y sombra. Es reconocer esa sombra, sentarme con ella sin juicio, y solo entonces, una vez aceptada, decidir no seguir ese camino. Mi elección será, más bien, la de regar las semillas que tambien llevo dentro: las de la alegría, la paz, el amor incondicional y la bondad.

La sociedad nos empuja sin descanso hacia el sol, a ser seres maravillosos y especiales, ignorando el derecho a ser humanos. Pero, ¿qué pasa con la tristeza que me invade cuando pierdo a un ser amado? ¿Qué hay del enfado legítimo o de la frustración hirviente?

El impulso constante de la «mejor versión» que vemos en las redes sociales—donde todos posan en la cumbre de la alegría—nos deja preguntándonos: ¿cómo gestionan ellos, los imortales de la alegria permanente, esos momentos de bajón? ¿Cómo viven ellos y aceptan su parte Yin?

En mis clases propongo de auto observarnos, el equilibrio siempre comienza con una pregunta: ¿Hacia dónde me lleva mi parte Yin y hacia dónde mi parte Yang? ¿Cómo alcanzo la armonía?

Lo hago a través de la escucha profunda, la autoobservación sin juicio de mis dos polos, la aceptación radical. Y cuando veo que los pensamientos me aquieren arrastrar hacia la melancolía o al enfado dirijo mi mirada a la belleza simple que me rodea, a los pequeños logros que he alcanzado hoy, y sonrío. El simple acto de sonreír me calma y renueva mi confianza.

Comprendo entonces que la verdadera autenticidad florece en la plena armonía con mi yo integral, abrazando con amor y aceptación incondicional cada aspecto de mi ser. Solo desde esta base me será posible trazar e iluminar el sendero que me conduce hacia la Luz que mi alma anhela.

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