No tenía problemas para dormirme, pero me despertaba todas las noches entre las 3 y las 3:30. Se había vuelto insoportable porque una vez despierta, con el sueño ligero que me caracteriza, ya no podía dormir y cuanto más pensaba que al día siguiente tenía que estar bien despierta y enérgica, más difícil me resultaba volver a dormir, poniéndome aun mas nerviosa . A este punto los pensamientos comenzaban a inundar la mente, como un torrente de ideas que se desborda. Hacía de todo: contaba las ovejas, me hacia un escaneo corporal, me ponía a respirar de forma consciente, pero el sueño no me invadía hasta mucho más tarde, cuando ya casi el despertador me recordaba que ya mis posibilidades de descansar se habían acabado para esta noche.
Me levantaba entonces con dificultad como zombi y así comenzaba mi día arrastrándome, enfadada con el mundo y con poca capacidad para concentrarme en nada. Y ahí comienzan los problemas, porque nuestros hijos se convierten en amenazas inimaginables, el vecino se vuelve más desagradable que nunca y en el trabajo todo parece ser súper complicado…
Una situación que dura días o incluso semanas así, puede ser desestabilizadora… Comencé a leer en Internet y a hablar con amigos, todos parecían estar de acuerdo en que, en este caso, a mi edad solo podía ser un problema hormonal. Por lo tanto, era necesario recurrir a remedios naturales que ayudaran a aliviar esta sensación. Lo intenté, pero no ayudó, la situación, a parte de algunas noches afortunadas, no cambió.
Tras estudiar Medicina Tradicional China, sabía que entre las 3 y las 5 de la mañana, es, en el reloj del cuerpo, el tiempo de los pulmones, que se asocian con la tristeza y el dolor en el sentido de pena. Había algo ahí que aún tenía que trabajar, algo que me estaba llamando. Una fuente de tristeza no acogida, no abrazada y dejada a un lado, esperando que desapareciera. Esta puede ser una de las razones por las que si, como yo, te despiertas entre las 3 y las 5, será bueno que te enfrentes a esa tristeza o dolor que estás tratando de esconder. Aunque no es tarea fácil, es un desafío que vale la pena enfrentar mediante prácticas de mindfulness, aceptando las emociones y practicando la meditación, encontrando un refugio interior. Y eso es precisamente lo que hice.
Unas semanas más tarde, cuando la situación se había vuelto insostenible, decidí dedicarme a mis prácticas de la mañana con más disciplina para llegar a calmar la mente y esta agitación interna, irrefrenable, aparentemente irracional. Me puse con más disciplina en la meditación, la respiración consciente, la caminata consciente y el yoga… Y por la noche dedicaba unos minutos a recordar todo lo que me había calentado el corazón, sintiéndome profundamente agradecida. Después de unos días, ya no sufría de insomnio. Por lo tanto, que pasó en mi?
La mente se había calmado, el corazón se había liberado y había vuelto a sentirme protegida y a confiar.
Recomiendo explorar las diversas prácticas internas y crear una rutina que se centre en ejercicios de respiración, meditación y yoga. Sugiero entonces crear una rutina matutina y luego prepararse para el descanso con una serie de rituales nocturnos. Como una cena ligera y dos horas antes de irse a la cama. Preparar una infusión que te ayude a descansar, leer un libro que te inspire y no olvides la práctica de la gratitud: concéntrate en las cosas que te hicieron sentir agradecido durante el día y deja que llenen tu corazón antes de dormir. En primer lugar, te dormirás más rápido y calmarás tu mente, lo que te permitirá no despertarte tan fácilmente.
Es cómo hacer las paz con la vida y, digamos, con el sueño… Las emociones de la tristeza y el dolor se transforman en confianza, calma y serenidad. La agitación aparentemente irracional se apaga.
Regálate unos días de práctica constante, mañana y tarde, y verás cómo vuelves a dormir como un bebé. La práctica constante y repetida es nuestro refugio, donde cultivamos nuestro espacio de paz y tranquilidad, un oasis de serenidad y armonía. Somos paz… tenemos que volver a casa de vez en cuando para recordarlo. ¡Que tengas una práctica placentera y dulces sueños!
Mis Prácticas Diarias – Crea y refuerza tu rutina física y mental para vivir en plenitud
El libro de Marina Scateni
