Sufrimiento.. ¿te gustaría compartir un momento de alegría juntos?»

Desde la enseñanza del Maestro Buddista Zen Thich Nat Han

Me gustaría compartir con vosotros una enseñanza que recibí durante mi estancia este verano en Plum Village, el Monasterio fundado por el Maestro Budista Zen Thich Nhat Hanh, hace más de 40 años tras su exilio de Vietnam por su activismo pacifista para detener la guerra en su país. Con la esperanza de ayudaros a vosotros también a manejar mejor las situaciones difíciles cuando la paz da paso a la tristeza, la desesperación, la ira y la preocupación que a menudo nos hacen perder la fé en la vida y nos derrumban.

El Maestro Thich Nhat Hanh nos invita a observar nuestras guerras internas y a dar a las emociones el espacio que necesitan. De hecho, todas estas emociones no deben ser reprimidas o alejadas. Deben ser acogidas para darles el espacio que necesitan. Deben ser tomadas de la mano como a un niño, haciéndole sentir que le damos la atención que tanto buscan. El peligro, si no lo hacemos, es que se fortalezcan y nos arrastren a ese camino oscuro del que luego es más difícil salir. Sabemos ya que cuanto más nos dejamos llevar por estas emociones, más difícil sera la remontada.

Entonces, arremangémonos las mangas y al primer síntoma, acojamos nuestras emociones, observémoslas. Hagamos una pausa. Detengámonos a observarnos y a comprender nuestras emociones. Tranquilicemoslas. «Estamos aquí para ti. ¿Te gustaría compartir un momento de alegría juntos?»

Entonces, al mismo tiempo que dedicamos atención a nuestras emociones, también cultivamos nuestras semillas de la alegría. En nuestro camino, siempre hay ocasiones y condiciones que pueden devolvernos el buen humor y la alegría. Todo radica en darles espacio también a ellas, en permanecer en estos momentos de alegría por algunas respiraciones, saboreandolas, estando. Un pajarito que canta feliz en una rama, un atardecer maravilloso, la sonrisa o el abrazo de nuestro hijo, el sentirnos firmes sobre nuestros dos pies. Observar cada belleza que nos rodea y simplemente quedarnos en esa sensación, respirándola de forma consciente.

Así que durante el día, me detengo varias veces, me observo a mí mismo y observo la belleza que me rodea. Cuanto más cultivo la alegría y las propias fuentes de alegría, más fácil será contener, abrazar y sostener los momentos de sufrimiento cuando lleguen. Sencillamente, sí, son prácticas sencillas. Solo hay que ponerse a hacerlas. Dedicarse a ellas como estudio de uno mismo… El único riesgo?… estar mejor y más en paz dentro de nosotros mismos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra
es_ESEspañol
Scroll al inicio