¿Piloto automático o presencia? Cómo la naturaleza nos devuelve a la frescura de cuerpo y mente

Me despierto y los pensamientos que me habían abandonado la noche anterior, al acostarme, vuelven a llenar mi mente rápidamente. Esto me ocurre, sobre todo, en los momentos de cambio o de desafíos que traen consigo inestabilidad y la inevitable necesidad de fluir con lo que hay, sin resistencia.

Cuidado, justo ahí el ego empieza a ser caprichoso porque no quiere… ¡no, no quiere dejarlo ir! Quiere identificarse con la situación, con la emoción, y dejarnos como un paño estrujado…

De repente, algo ocurre para que pueda salir del carrusel más fácilmente y vuelva a la maravilla del aquí y el ahora… La ventana de mi cuarto sirve de apoyo delicado a las ramas de un antiguo níspero, donde varios pajaritos brindan por la vida dando la bienvenida al sol y al nuevo día. Es increíble la sensación de felicidad que me dan estos pajaritos cantarines.

Esos lindos pajaritos, con su alegría mañanera, me recuerdan que soy mucho más que mis pensamientos; que me estoy identificando con lo que pasa y atrapándome en preocupaciones… pre-ocupaciones. Todavía esa situación no está pasando… Es fruto, solo, de mi mente incansable.

Ellos me recuerdan que la vida es disfrute, es cantar, es vivir llenando el corazón con lo que hay, encontrándole el significado más profundo. Me invitan a caminar hacia el sendero de la aceptación y del reconocimiento de que ya tengo todas las condiciones para estar y sentirme feliz…

Me levanto y empiezo a prepararme; y en poco tiempo, vuelven los pensamientos y las pre-ocupaciones. La mente incansable intenta solucionarlo todo. Nuestra mente está fabricada para eso, para solucionarlo todo. Pasa una infinidad de horas «intentando» solucionar, para luego sufrir por la toma de consciencia de la falta de control y por tener que abandonarse a la sabiduría de la vida.

Esa sabiduría nos lleva por senderos a veces desconocidos y que parece que no nos pertenecen; abre puertas que no conocíamos y que nos dan miedo por ser extrañas. Pero, al hacerlo, se abren nuevas ventanas de oportunidad que nos regalan más experiencias. Si solo lo supiéramos, no insistiríamos tanto en que las cosas vayan como nosotros pensamos que nos hace bien.

La vida nos enseña a fluir. Nada se para; si se para, se estanca y huele mal. Como el agua. Pero el ego se empecina, planta los pies en el suelo: «¡No, no quiero!»… y la energía se bloquea. Salimos del río, pero no sirve de nada; bueno, sí, para sufrir un buen rato. Luego, inevitablemente, se vuelve al río. Y nos habríamos ahorrado una buena dosis de sufrimiento si lo hubiéramos hecho antes…

Así, inmersa en mis pensamientos e intentando solucionar lo que está pasando en mi vida, salgo para coger la moto e ir al trabajo… como un robot en piloto automático.

Pero algo maravilloso pasa a pocos metros de salir de casa: un olor fuerte a hierba recién cortada me llega a la nariz y me saca una sonrisa, devolviéndome a mi interior y a mi verdadera esencia, al momento presente y su maravilla.

Me siento viva, en paz y feliz. Adoro el aroma de la hierba recién cortada… refresca mi mente y mis sentidos. La naturaleza siempre me devuelve a casa, al aquí y al ahora.

Y así, presente, saboreando el día, sintiendo nuevamente mi cuerpo en movimiento, llego al trabajo. Miro al mar y al cielo: todo está bien.

«Buen día, Massimo», mi primer alumno de la mañana me está esperando sonriendo. Se ha ido a saludar al mar. «Las olas están en calma», me dice, «y hay una ligera brisa que me ha renovado». La vida es bella… empezamos los movimientos conscientes…

El maestro Thich Nhat Hanh nos invita a encontrar o volver a la frescura a través de la naturaleza, caminando en atención plena y respirando. Y cuando durante el día estamos en contacto con esta frescura, respiramos en ella tres veces y seguimos adelante. Estos momentos nos cambian el día, dándonos la claridad mental, la compasión y la paz necesarias para afrontar la jornada desde el espacio de la confianza y el amor.

Simplemente confiando en la vida, deteniéndonos y saboreando lo que hay, nos quedaremos fascinados por lo hermoso que nos rodea… Inténtalo hoy y cuéntame por aquí tus experiencias al despertar.

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