En mis clases de Yoga insisto mucho con mis estudiantes a estar muy presente en cada postura, en las tensiones que percibimos y a utilizar la exhalación para soltar estas tensiones. En la esterilla practicamos así a menudo la atención plena, uno de los pilares fundamentales del yoga. Una vez integrado en las clases, aprendemos a estar presentes fuera también, en cada momento del dia, observando nuestras sensaciones corporales y mentales sin juzgarlas. Esta misma atención plena puede aplicarse a la alimentación, transformando cada comida en una experiencia consciente y nutritiva.
Cuando comemos de forma consciente, prestamos atención a cada bocado, saboreando los alimentos y sintiéndolos en nuestro cuerpo. Esta práctica nos ayuda a:
- Disfrutar más de la comida: Al saborear cada bocado, podemos apreciar los sabores y texturas de los alimentos de una manera más profunda.
- Comer menos: La atención plena nos permite reconocer las señales de saciedad antes de comer en exceso.
- Mejorar la digestión: Al comer despacio y masticar bien, facilitamos el proceso digestivo y evitamos problemas como la acidez o la hinchazón.
- Reducir el estrés: La alimentación consciente nos ayuda a desconectar de las preocupaciones diarias y a disfrutar del momento presente.
El yoga abarca uno de los pilares de nuestro bienestar: la alimentación. Al convertirla en una práctica consciente y nutritiva, podemos experimentar de manera plena el principio de ‘mens sana in corpore sano’.
